domingo, 14 de marzo de 2010

Reflexión sobre la crisis.-

Es la palabra maldita del momento. Crisis. La mentamos por todos sitios, en la calle, en el trabajo, en el bar… No dejan de aparecer en la prensa artículos que indagan en las causas que la han provocado y en la amenaza que puede suponer para la estabilidad del Euro. Y mientras el común de los mortales trata de dosificar hasta el último céntimo de su sueldo para llegar a fin de mes vemos que paradójicamente hay entidades bancarias que pregonan a los cuatro vientos sus –multimillonarios- beneficios anuales o que se publican en la revista Forbes el ranking de los hombres más ricos –multimillonarios- del mundo, cuando hay en nuestro país más de cuatro millones de personas, que muchas de ellas hace unos meses tenían un sueldo y hoy están en el paro y otras muchas también no han podido seguir haciendo frente a la hipoteca de su vivienda. Crueldades de la vida.
Viajando hace unas semanas a Córdoba en el tren de cercanías, mientras veía por la ventanilla el campo y los olivares totalmente anegados de agua, pude escuchar a mi lado la conversación que tenían varios jóvenes describiendo cada uno de ellos la crisis que individualmente padecían. Uno explicaba que su crisis era económica, debido al corto sueldo que ganaba mensualmente. Otro que su crisis era financiera, argumentando que le era muy difícil, por no decir imposible, conseguir un préstamo bancario para comprarse un piso. Una chica les decía que la crisis por la que ella pasaba era una crisis anímica, psicológica, contagiada por la depresión que ve en la gente y que teniendo ella recursos actuaba como si se hallara en el paro. Y por último otra joven que iba en el grupo se preguntaba cómo estando en tiempos de crisis la Carihuela estuvo repleta de gente durante el puente del Día de Andalucía pese al frío y amenaza de lluvia que había, a lo que uno de los chicos le significó que de no estar atravesando por esta crisis hubiera habido mucha más gente y menos chiringuitos cerrados.
Cuando hablamos de crisis ¿a qué tipo de crisis nos estamos refiriendo? Porque alguien puede añadir que hay también crisis de confianza, crisis de valores, crisis de optimismo, crisis hipotecaria, crisis inmobiliaria, crisis energética, entre otras.
El modelo económico-financiero protagonizado por la banca y la construcción al que se incorporaron las telecomunicaciones y el sector energético es capaz de competir a nivel mundial, sí, pero a costa de concentrar la riqueza en muy pocas manos.
Es cierto que ha habido avances sociales e impulso I+D+i y cuando llegó la crisis a España tal vez hubiera una sociedad más rica pero también más desigual.
No se dispone de una red de banca pública para hacer circular los recursos instrumentalizados a través del ICO y para generar dinero bancario. La cultura emprendedora, industrial e innovadora es escasa y los recursos económicos no llegan adecuadamente a los emprendedores. Nuestra economía está descompensada, no es una economía compuesta por muchos núcleos entrelazados generadores de alto valor añadido, sino una economía dependiente del sector de la construcción y de grandes núcleos de poder económico y financiero.
Tras la vertiginosa e impetuosa aparición de la crisis hubo un periodo de tiempo en el que algunos mandatarios europeos hablaban de la necesidad de acometer profundas reformas en el modelo económico existente. Pero parece que esa etapa pasó y ahora la mayoría de las opiniones vertidas en los medios de comunicación ponen el acento en descubrir en qué se ha fallado así como en las estrategias de salida de la crisis sin realizar cambios de fondo. Parece que ya ha pasado la pretensión de cuestionar el modelo en si, el modelo europeo y mundial, el que es insostenible medioambientalmente. Ese sería el modelo que habría que discutir.
La crisis financiera llegó demasiado rápido, sin tiempo para dotarnos de recursos ni de cambios estructurales y sin que la mayoría de los sectores, tanto políticos, empresariales, entidades financieras y la sociedad en general, tuvieran un plan estratégico para afrontarla.
Y lo peor es que la crisis que nos ha venido encima ha traído consigo otras crisis individuales y colectivas como las apuntadas anteriormente.

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